Diccionario de las periferias: estigma

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Estigma

Dícese de la certeza absoluta que se tiene de que si un ciudadano decente pisa las calles de Pan Bendito, será atacado por seres del submundo que le requerirán bajo amenazas o violencia que entregue todas sus pertenencias. Dicha certeza se fundamenta en la sólida labor de investigación del prestigioso equipo de “Callejeros”, así como en leyes físicas de incuestionable rigor que se enuncian bajo la fórmula “Pan Bendito, si no me lo das te lo quito”.

Dicho esto, no es intención de este equipo de redacción negar que pasan cosas que no molan en algunos barrios, puesto que duras condiciones de vida imponen soluciones desesperadas y la violencia y desigualdad estructural son lugares bastante propicios para el macarreo y el mafioseo de distinta índole. Sin embargo, recurrir al estigma para explicar todos estos complejos fenómenos, no es más que la vía más rápida y sencilla para mirar al otro lado y evitar pensar en las verdaderas causas de que sucedan determinadas cosas en determinados barrios. Así, más que reflejar la realidad de algunas periferias, los estigmas nos hablan del centro: de las desigualdades que genera un determinado modelo social y de cómo éstas se reinterpretan para escapar de lo incómodo.

Así pues, los estigmas y el modelo social se explican mútuamente. Si en los años ochenta chabolas, quinquis, heroína, cárcel y clases peligrosas constituían el repertorio más nombrado, en nuestra época neoliberal son la inseguridad (asociada con determinados espacios o colectivos  que quedan marcados como de riesgo) y los malos pobres (frente a los buenos pobres, damnificados de la crisis), a los que se atribuyen todo tipo de miserias morales (vagos, vicio, poca fuerza de voluntad, predisposición a la delincuencia…) que les hace responsables de su situación, los que configuran un nuevo imaginario sobre las periferias.

Estos dos estereotipos tienen que, por tanto, ver con un modelo social y de gobierno (neoliberal) que niega continuamente la desigualdad (partiendo de la premisa falsa de que cualquiera, con su esfuerzo, puede llegar a donde se propone), responsabiliza a las personas de lo que se supone que son sus propios fracasos y pone en el centro el discurso de la seguridad como válvula de escape para evitar hacer frente a los problemas sociales que una apuesta tan fuerte por la desigualdad social genera.

(ver todas las entradas del diccionario de las periferias)

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