ARTÍCULO: Periferias (El paseo de Jane, 2016)

Periferias

(Artículo publicado en “El Paseo de Jane. Tejiendo redes a pie de calle.” Modernito books. 2016. +info aquí)
(Descárgate el artículo en pdf)

elpaseodejane

Cuando nuestras compañeras de “el paseo de Jane” nos solicitaron un pequeño texto acerca de las periferias, aprovechamos para realizar un alto en el camino y volver la mirada hacia atrás, recorriendo de nuevo los pasos desplegados junto a otras en esta aventura que empezó hace ya unos años y que denominamos Carabancheleando. Nos percatamos entonces de que el “espíritu” de Jane nos había acompañado durante todo este proceso, aunque no siempre de manera consciente.

Lo que empezó siendo una iniciativa del Observatorio Metropolitano de Madrid ―concretamente del grupo de trabajo sobre las Periferias― con el objetivo de investigar el impacto sobre el territorio de la crisis iniciada en 2008, se convirtió en un dispositivo experimental de investigación colectiva, abierta y flexible, al que quedarían vinculadas distintas personas, vecinas y activistas que participaban en diversas iniciativas que emergieron a raíz del 15M en el barrio de Carabanchel. El propósito era conocer transformando y transformar conociendo, producir un conocimiento situado partiendo de las realidades experimentadas por las personas que habitan dichos espacios.

¿Por dónde comenzar esta aventura? No hay mejor estrategia que encontrarse junto a otras, armadas de preguntas y establecer nuestras propias coordenadas, recordando, como dicen nuestras compas zapatistas, que “el mapa es el tesoro”. Nosotras no teníamos mapa, así que nos pusimos manos a la obra, partiendo de la cartografía oficial, aun sabiendo que esta no siempre refleja las necesidades, deseos y problemáticas de las personas que habitan las periferias. Se organizaron varios encuentros con un grupo de personas bastante heterogéneo para trazar una representación gráfica del territorio que obedeciera a nuestros propios intereses. Se señalaron los límites del barrio, se localizaron distintos elementos y fenómenos, se vislumbraron sus relaciones y nos percatamos de ausencias y de lugares a los que queríamos ir, pero a los que no sabíamos si podríamos acceder.

Con nuestro mapa y un montón de temas y preguntas ―más si cabe que al inicio― se realizaron una serie de paseos y derivas en torno a cuatro ejes: fronteras, estigmas, crisis y movimientos. Precisamente en estos paseos y derivas “el espíritu de Jane” vuelve a emerger en toda su potencialidad. Con la política del cualquiera como principio ―cualquiera que viva, trabaje o, simplemente, guste de pasar el rato en la periferia puede participar en el recorrido―, pusimos en marcha esta aventura de Carabanchelear. Frente al “andar predicando” de unos, queríamos poner en valor un “caminar conversando”, en el que las personas implicadas en el territorio pusieran su saber y su experiencia en común junto a otras, en el que la escucha activa y el respeto por la palabra del otro se entretejieran en un discurso colectivo compuesto por diversas miradas con sus matices y colores. Como fruto de estos paseos se produjeron nuevas sinergias y alianzas entre diferentes personas y colectivos: la amistad entablada con la Asociación de Vecinos de la Fraternidad de Caño Roto y con los chicos de Zulo Studio y su proyecto “KdeKalle” junto al colectivo de Cine sin Autor. Las expectativas iniciales se desbordaron. Nuestro imaginario sobre las periferias se había enriquecido sobremanera y se había complejizado. Para seguir caminando en esta aventura, surgieron varias propuestas con las que seguir trabajando en torno a las distintas temáticas, conceptos y categorías clave que habían aparecido.

Por un lado, se trataba de articular bajo un dispositivo todos esos saberes que se habían generado a lo largo de los recorridos. Esta iniciativa se acabó materializando en el “diccionario de las periferias”: un conocimiento que partiera de las experiencias propias de habitar la periferia y que sirviera para pensarnos en nuestras problemáticas y contrarrestar las representaciones externas de medios de comunicación y algunos organismos oficiales. Se organizaron, por otro lado, encuentros y conversaciones colectivas que permitieron seguir profundizando en algunas de las temáticas y abordar la crisis en las periferias elaborando unos relatos que armaran su explicación. Algunos de los temas tratados fueron la vivienda y las luchas generadas en torno a la misma, la comunidad y los recursos, o lo comunitario y su relación con lo institucional. La aventura de Carabancheleando se había convertido en un artefacto que nos permitía pensarnos en común junto a otras, sobre las acciones y actividades que desplegamos en nuestro entorno.

Tras estos años de mapeos, paseos, derivas, encuentros y conversaciones colectivas, ¿qué podemos aportar nosotras sobre la crisis en las periferias? La genealogía histórica sobre las periferias necesitaría quizás un capítulo propio en este libro: tendríamos que retrotraernos al siglo XIX, hablar de Carlos María de Castro y su proyecto de ensanche para la ciudad de Madrid, atravesar los efectos sobre el territorio del plan Bigador y abordar las luchas vecinales de los años 70, para acabar situándonos en el actual momento de crisis. Y, aunque hablar sobre los elementos que hacen de un barrio una periferia desbordaría también las pretensiones de este capítulo, sí queremos, al menos, hacer mención de aquellos que consideramos fundamentales.

Cuando hablamos de periferia, lo hacemos más allá de su dimensión geográfica, de la distancia que pueda existir con respecto al centro, abordando su dimensión social y política. Existen periferias en el centro y periferias dentro de las propias periferias. Concebimos la periferia como una categoría espacial, que se construye en relación a otra, el centro, pero también como un concepto ambivalente, en tanto hace referencia a una estrategia territorial que se despliega como solución espacial de los efectos perversos que produce la desigualdad social, a la vez que es el lugar privilegiado para la emergencia de nuevas situaciones y realidades urbanas.

Uno de los elementos imprescindibles a la hora de tratar la crisis de las periferias guarda relación con el tipo de políticas en materia de vivienda social desarrolladas durante estos años: la relegación de una parte de la población excluida y su concentración en ciertas zonas; la segregación espacial, desplegada en forma de poblados dirigidos o de absorción, realojos o viviendas de protección, no sólo marcan un determinado territorio como lugar de periferia sino que inciden en su propia composición interna.

Un segundo elemento es el paulatino abandono institucional en o que se refiere a dotaciones y equipamientos sociales. Con ello no queremos decir que no existan, sino señalar su falta de cuidado y de mantenimiento: limpieza de calles, plazas, rehabilitación de edificios, abandono de solares. Hay que incidir también en que el Estado huye de su responsabilidad a la hora de asegurar la igualdad en el acceso a diversos servicios como transporte, salud, educación o servicios de guardería.

El tercer elemento está directamente asociado a los dos anteriores: los estigmas. La percepción social de habitar una zona deteriorada y abandonada deja marcas en el imaginario de la población. A ello contribuye la representación que los medios de comunicación realizan de estas zonas como enclaves de inseguridad y violencia. Esto, unido a la hiperpresencia policial, hace de estos barrios el lugar propicio para que entre sus habitantes se despliegue el miedo ambiente y la desconfianza hacia el otro.

Antes de concluir, nos gustaría mencionar experiencias vividas como ambivalentes, pues condensan en sí mismas los sentimientos de amor y odio hacia el habitar la periferia. Si bien, en ocasiones, estas experiencias han generado un malestar difícil de gestionar, al mismo tiempo han producido orgullo y reconocimiento entre quienes se saben partícipes de un mismo espacio asumido en toda su complejidad. Y, si han propiciado palabras que han compuesto discursos que despliegan estrategias de diferenciación y distinción, también es cierto que, con esas palabras, se han elaborado relatos y estrategias de identificación y de cohesión social para con su entorno y quienes lo habitan.

En algunos lugares de la periferia, distintas personas nos comentaron que la crisis ya se había instalado allí antes de que irrumpiera en la primera página de los grandes medios, allá por 2008. Tragicomedia es la palabra que condensa esos sentimientos encontrados y la actitud con la que algunos de sus habitantes afrontan la dureza del día a día: la tragedia de quienes se saben habitantes de un espacio deteriorado, del que es difícil salir, pero al que también es difícil llegar; la comedia que emerge en forma de rima en una canción, en el sonido de una guitarra en la plaza o en la sonrisa de unos peques que disfrutan jugando en un parque mientras sus mayores conversan. Encuentros cotidianos, alianzas vecinales, dosis de solidaridad y apoyo en cantidad suficiente mantienen viva la llama de la esperanza de salir adelante hasta en las situaciones más jodidas.

La desigual distribución en las condiciones de partida impide que nos encontremos con esa nueva figura, icono del éxito individual y de los negocios creativos: el emprendedor. Aquí no se dispone del tiempo y, menos aún, del colchón económico para asumir el riesgo de fracasar emprendiendo. La gente de barrio se busca la vida, se monta sus negocios y, ¿por qué no?, hace trapis. El trapicheo, que nace en los márgenes de lo lícito, acompañado de la mala fama, es una economía de calle conducida por expertos en la maximización de segundos usos y artistas en el manejo de lo escaso. Buscarse la vida es una actividad compuesta de ciertos códigos, palabras y gestos que, para la supervivencia y subsistencia de dicha actividad, requiere de su enraizamiento en lo colectivo así como de su disolución en el territorio y, en algunos casos, de uno mismo. Y es que, más allá de (y anteriormente a) la emergencia de las drogas, buscarse la vida o dedicarse ―permanente o temporalmente― al trapicheo forma parte de una economía ancestral que, a la hora de garantizar la distribución y el acceso a determinados productos, suple la actual evasión del mercado y las instituciones.

La periferia es ese entorno privilegiado por la administración para el depósito de elementos incómodos a la vista: cementerios, cárceles, descampados o chabolas componen un panorama en el que la pobreza y la desigualdad configuran las huellas del imaginario de lo barriobajero, ese espacio habitado por lo vulgar, peligroso e inmoral. Sin embargo, para hacer frente a esas marcas que los marginan, sus habitantes tiran de barrionalismo: mezcla de sentimiento y orgullo de aquellas personas que se reconocen en el uso de un mismo lenguaje, relatos populares que conforman las múltiples historias de esos lugares, personas que hacen frente a problemas similares y que, al encontrarse, generan espacios donde conversar y hacer comunidad.

En las periferias, bajo la capa de estigmas, yace un enorme potencial para que ocurran cosas que no pueden suceder en otros lugares. En estos espacios tiene cabida el desorden y se hace posible odiar la estética capitalista, con su aroma pseudoperfecto, artificial y limpio, que en ocasiones da grima. De haber un lugar donde se puedan inventar otras formas, aunque en ocasiones sea de vuelta de la huida, será en estos espacios no totalmente conquistados por el poder, la uniformidad y la superficialidad. El abismo está en el centro y la periferia es un refugio. Aquí podemos volver a descubrir lo que es bello. Podemos no esconder ni dejar de lado nuestra animalidad; podemos reconocernos, aceptarnos y desarrollarnos al margen de los modelos anunciados y magnificados por la tecnología y los medios.

Llegamos al final de este recorrido. Nosotras seguimos, sumergidas en el universo de las periferias, lanzando nuevas preguntas, trazando distintas coordenadas, cartografiando otros recorridos, encontrándonos y conversando en las calles. Pero, estad tranquilas, nos han contado que de la periferia también se sale, aunque esa historia tendréis que leerla en otro lugar.

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