Callejones, callejuelas y otras trincheras

en las periferias hay cicatrices de muchas batallas, algunas visibles otras no tanto. restos de historias que con el tiempo suelen olvidarse, los callejones, callejuelas, travesías, patios, esquinas, escaleras, pasos, pasajes… son parte del paisaje de las periferias, son parte de nuestra identidad. objetivamente, son restos indefinidos esperando una mano de pintura, un árbol, limpieza o simplemente de darnos cuenta de que existen.

el origen o su explicación son normativas, a veces implacables a veces retorcidas. son necesarias para ventilar, que llegue el sol, entrar al garaje, a un portal escondido o son testimonios de otros edificios y otras vidas anteriores.

pero estas grietas, desde que no podemos salir a la calle se han convertido en nuestra única y necesaria posibilidad de contacto, con el sol, el aire y el resto de seres vivos. hemos llenado esas grietas con aplausos, charlas, risas, emociones, deseos, canciones, recetas, preocupaciones, avisos, cuidados, conocimientos y comida para los pájaros.

estas trincheras se hacen amables y aunque siguen necesitando mejoras y cuidados, estamos seguras que en el futuro, seremos muchas más las que busquemos su refugio, que cuando bajemos a la calle aún con algún miedo, habremos aprendido que juntas somos más y mejores, que las periferias y los centros somos ciudades, que en nuestros espacios comunes echamos de menos limpieza, árboles, fuentes, bancos y lugares para jugar, mayores, medianos y pequeños, juntos en la diversidad.

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