Terraza de periferia confinada

Dícese de esa terraza que no es oficialmente una terraza y que nunca lo ha sido hasta que la necesidad de unos rayos de sol se ha hecho perentoria. En ese instante apareció el ingenio de quienes no viven en un chalet del norte de Madrid, sino en un barrio de su periferia. Surge así esta pequeña invención casera, que en mi caso tiene su espacio en el alfeizar de la ventana de la cocina. Ese hueco normalmente reservado para las pinzas de la ropa o para alguna planta de temporada nos sirve, gracias a la idea de mi compañera
de piso, para apoyar nuestras nalgas con seguridad, ya que tenemos una pequeña reja de metal que nos salva de una posible caída al patio.
Acceder a ella no es fácil, tienes que ir depurando la técnica, pero es apta para las dos personas de casa, aunque a turnos porque el espacio es limitado. Así que gracias a ser bajitos podemos decir que dentro de casa no tenemos diferencias de clase. Una vez aposentado en ella y dentro de ese momento clave del día que va de 14:30 a 16 h puedes disfrutar de unos magníficos rayos de sol, complemento perfecto para que nuestra vitamina D no caiga en picado en estos días de encierro.

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